martes, 1 de noviembre de 2011

Revoluciones liberales. Temas III y IV.

Términos:

Estamentos privilegiados, política centralista, Despotismo Ilustrado, colonia, constitución, Tercer Estado, régimen señorial, soberanía nacional, república, sufragio.


La revolución norteamericana: la independencia de las colonias.

Los ingleses habían establecido en América del Norte trece colonias que gozaban desde el siglo XVII de autonomía económica y asambleas políticas. Cada colonia era autónoma en cuestiones interiores pero dependía de la metrópoli en asuntos de comercio exterior.

El rey de Inglaterra, Jorge III, impuso una serie de medidas restrictivas y nuevos impuestos para financiar la guerra con Francia. Estas circunstancias ocasionaron el boicot a los productos ingleses y provocaron el motín del Té en el puerto de Boston en 1773. Los colonos disfrazados de indios amedrentaron a los marineros y arrojaron 45 toneladas de té al agua.

La única participación política concedida por Inglaterra a las trece colonias consistía en permitir el envío de delegados al Parlamento de Londres, pero éstas no se sentían representadas por la inferioridad numérica de sus delegados. Poco a poco este malestar derivó en la formación de los Estados Unidos.

Por aquel entonces se difundieron folletos con las ideas de la Ilustración referentes a la igualdad y libertad de los hombres.

En 1774 se constituyó el primer congreso continental, formado por representantes de las trece colonias. En el segundo congreso se creó el ejército continental a las órdenes de George Washington. El rey declaró el estado de rebelión en las colonias y se iniciaba la guerra. En mayo de 1776, el tercer congreso continental declaraba por unanimidad la intención de crear un Estado independiente.

Thomas Jefferson elaboró la Declaración de Derechos de Virginia y la Declaración de Independencia con los principios difundidos por la Ilustración: libertad, igualdad y estructura del nuevo régimen basada en la separación de poderes y cargos por elección popular.

Durante el transcurso de la guerra los colonos recibieron ayuda de Francia y España. Los primeros escarceos bélicos favorecieron al ejército inglés pero a partir de la batalla de Saratoga, los colonos recuperaron la iniciativo. Inglaterra concedió la independencia en 1783 con el tratado de Versalles.

En 1787 se elaboró una constitución común a todos los estados, donde se establecía la república democrática con separación de podres, soberanía popular, equilibrio entre los derechos de los estados y poder federal. El Presidente tendría el poder ejecutivo y sería nombrado por los electores designados en cada estado. El legislativo estaría en manos del Congreso organizado en dos cámaras: Senado y Cámara de Representantes. El judicial en poder de los jueces y el Tribunal Supremo.


Causas de la revolución francesa.

  • La influencia de la filosofía de la Ilustración. Filósofos como Montesquieu o Rousseau estimularon a la sociedad con sus tesis sobre la separación de poderes o la soberanía nacional.

  • Las tensiones surgidas en el seno de la sociedad estamental. La burguesía no asumía que el poder y los privilegios quedaran reservados a los estamentos privilegiados.

  • Los problemas económicos ocasionados por las malas cosechas, las crisis de subsistencia y las costosas guerras. La Hacienda estaba arruinada por los excesivos gastos y los escasos ingresos. Los impuestos aumentaron y recayeron en los grupos populares generando un gran descontento.

  • La negativa de los nobles a pagar impuestos. Revuelta de los privilegiados y convocatoria de los Estados Generales en 1789.


Los inicios de la revolución francesa.

Las malas cosechas y las subidas del pan y los impuestos produjeron una crisis económica en Francia.

Los privilegiados se negaban a aceptar las medidas fiscales plateadas por los ministros de Hacienda de la monarquía de Luis XVI. El Ministro Calonne propuso el establecimiento de una contribución por posesiones agrarias y la abolición de los derechos señoriales de la Iglesia. Tanto la Asamblea de Notables como el Parlamento de París, instituciones dominadas por la nobleza y el clero, se oponían a las medidas y exigieron la convocatoria de los Estados Generales, que no se reunían desde hacía más de un siglo, para discutir las propuestas.

Cada estamento eligió a sus representantes. El Tercer Estado, representado por la burguesía, expuso que se procediera a la votación por individuo y no por estamento. Como no se atendió a su petición abandonó la reunión y se concentró en un frontón. Allí se llevó a cabo el Juramento del Juego de Pelota, no separarse jamás hasta conseguir una Constitución para Francia, declarándose Asamblea Nacional. A este grupo se les unieron algunos representantes de los estamentos privilegiados.

En la calle, el pueblo se levantó y se produjo el estallido de las jornadas revolucionarias de julio de 1789 que se consumaron con la toma del arsenal de la cárcel de la Bastilla. Las revueltas se multiplicaron por varias regiones de Francia.

A primeros de agosto, la Asamblea decidió la abolición de los derechos señoriales y se hizo pública la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En los días siguientes la Asamblea se propuso redactar una constitución que garantizase sus derechos y pasó a llamarse Asamblea Constituyente.


La Asamblea Constituyente.

La Asamblea, poseedora del gobierno, preparó una constitución que el rey, en una reconciliación pública con la nación, aceptó y juró respetar.

Los principales objetivos de esta constitución eran:

  • La abolición del régimen señorial.

  • Establecimiento de una constitución civil del clero, que los clérigos pasasen a ser funcionarios del Estado.

  • Implantación de una contribución directa y universal.

  • Unificación administrativa y descentralización.

  • Redacción de un código civil.

La Constitución de 1791 elegía como sistema político la monarquía liberal. El rey asumía el poder ejecutivo para depositarlo en los ministros. Sólo tenía poder para sancionar las leyes.

El poder legislativo residía en una Asamblea elegida por soberanía nacional que proponía y elaboraba leyes. El poder judicial quedaba en manos de tribunales de justicia nombrados y pagados por el Estado, poniendo fin a los excesos señoriales y del rey.

Se desarrollo la filosofía del liberalismo económico, defensor de la libertad de comercio, la producción, el cultivo y el trabajo.

Los grupos conservadores criticaron la nueva organización de los poderes, el sufragio, los tributos, etc., y los grupos populares denunciaron el papel tan interesado jugado por la burguesía, instalada ahora en el poder.

Con la proclamación de la Constitución de 1791 se disolvía la Asamblea Constituyente.


La Asamblea Legislativa.

En octubre de 1791 se constituyó la nueva Asamblea Legislativa compuesta por representantes conservadores y radicales.

Los diputados de la izquierda se dividían en varios grupos: los jacobinos o montañeses, bajo el liderazgo de Robespierre que defendían el sufragio universal, y los girondinos, partidarios del sufragio censitario y la monarquía constitucional.

La Asamblea chocó con la resistencia de Luis XVI a aceptar su papel de monarca constitucional. Austria y Prusia observaban con inquietud los cambios producidos en Francia. Los girondinos deseaban la guerra con estos estados para extender la revolución y el rey confiaba en que la intervención militar le devolvería el poder.

En 1792 se declaró la guerra a Austria. La guerra radicalizó la revolución. Se produjo una insurrección popular en París, se declaró abolida la Monarquía y se proclamo la República. Los nuevos protagonistas serían los sans-culottes, los miembros más humildes del tercer estado, que desplazarían del poder a la nobleza liberal y la alta burguesía.

Se convocaron elecciones para la nueva Asamblea o Convención mediante sufragio universal masculino.


La Convención.

La Convención quedó dominada por los girondinos y los jacobinos de Robespierre. Estos últimos se hicieron con el poder e implantaron una férrea dictadura marcada por el terror. Luis XVI fue juzgado y condenado a morir en la guillotina en 1793.

El nuevo programa político consistió en preparar una constitución democrática con una política social que agradara al pueblo. Para dirigir el gobierno la Convención otorgó amplios poderes a un Comité de Salvación Pública compuesto por doce miembros.

Este comité mostraba la intención de gobernar a favor de las clases económicas más bajas. Se efectuaron controles de precios, se señaló un coste máximo a los granos y harinas, se acabó con las viejas leyes señoriales, se declaró la exención de pagos a los campesinos, se redactaron normas para facilitarles la compra de tierras y se produjeron movimientos para confiscar bienes a sospechosos y entregarlos a patriotas necesitados. Además, se atendía a los servicios sociales redactando medidas de mejoras públicas, se abrió una escuela militar y se introdujo la instrucción elemental universal. Asimismo, fue abolida la esclavitud en las colonias francesas.

En este momento se consolidó en Francia el mejor ejército de Europa, que ganaba guerras revolucionarias contra las potencias absolutistas.

Estas victorias determinaron la caída de la dictadura establecida por Robespierre, que había ido perdiendo el respaldo de las masas. El 28 de julio de 1794 un grupo de la Convención consiguió detener y ajusticiar a Robespierre. Fue el golpe de Thermidor.

Se abría entonces una etapa de reacción moderada protagonizada por los girondinos contra los jacobinos. Se desecharon los intentos de democracia popular para que el poder volviera a la burguesía adinerada, que decretó el sufragio limitado o censitario.

Estos burgueses enriquecidos vieron la necesidad de elaborar una nueva constitución.


El Directorio.

En 1795 se elabora una nueva constitución. Dividía la Asamblea Legislativa en dos cámaras: Consejo de los Quinientos y Cámara de los Ancianos. Ambas cámaras elegían al ejecutivo o Directorio compuesto por cinco directores.

La República se encontraba en manos de la alta burguesía que prefería la intervención del ejército para resolver los problemas.

El régimen tenía como enemigos a los conservadores y radicales. Entre los primeros, se encontraban los realistas, con Luis XVIII, (el hermano del rey muerto), a la cabeza, que pretendían restaurar el Antiguo Régimen. Los radicales representados por Babeuf apoyaban una mayor democratización, la igualdad y decretar la abolición de la propiedad privada.

Las clases populares sufrían la escasez y la inflación. A esto se unió la situación de inestabilidad creada por la formación de otra coalición europea contra Francia.

Los éxitos del general Bonaparte marcaron el final del proceso revolucionario. El golpe de Brumario en noviembre de 1799 dirigido por Napoleón supuso el inicio de una nueva forma de república, el Consulado.


Consecuencias de la revolución francesa.

  • Adopción del régimen constitucional y la defensa de la libertad y la igualdad.

  • Se efectuaron transferencias de la propiedad desde los grupos privilegiados al Tercer Estado. Las clases adineradas aprovecharon la coyuntura para ampliar sus posesiones, pero los braceros y jornaleros continuaron sin lograr la propiedad de la tierra.

  • La Iglesia tuvo una gran pérdida patrimonial. La supresión del diezmo, impuesto cobrado por la Iglesia, tuvo graves efectos económicos para el estamento eclesial.

  • Desapareció la sociedad estamental. Se abolieron los privilegios y se unificó el pago de impuestos para todos los ciudadanos.


El Consulado.

Tras el golpe de estado de Brumario se elaboró una nueva constitución, (1800). En ella no había declaración de derechos ni separación de poderes. Aparentemente se respetaba el sufragio universal pero a través de un sistema de elección indirecta mediante listas cerradas. El poder ejecutivo quedaba en manos de tres cónsules: Bonaparte, Sieyès y Ducos. El poder legislativo estaba representado por cuatro cámaras. En realidad el primer cónsul acumulaba los poderes ejecutivo y legislativo, los otros dos cónsules pasaban a tener función consultiva.

En 1801 se firmó el concordato con la Iglesia y se establecieron relaciones con ella.

En lo tocante a la justicia, se endurecieron las penas y aumentaron los poderes de la policía. También se controló la prensa.

Napoleón adquirió todo este poder gracias a sus victorias militares. La firma de la paz de Amiens con Inglaterra en 1804 lo convirtió en cónsul vitalicio y Francia lo ratificó en senado-consulto popular.


El Imperio.

La Constitución de 1804 proclamó a Napoleón Bonaparte emperador de los franceses y, por plebiscito popular, fue ratificado.

Napoleón soñaba con dominar Europa y convertirla en un gran imperio con capital en París. Pero para ello era necesario rivalizar con Inglaterra, entenderse con Rusia y aliarse con el Imperio Austriaco. Los intereses de cada potencia se convirtieron en un conjunto de obstáculos. Inglaterra defendía su imperio colonial y la hegemonía naval. Rusia deseaba expansionarse por Polonia y el Imperio Turco. Austria aspiraba a dominar Alemania, los Balcanes y el Adriático.

Las principales campañas militares de Francia se organizaron contra las coaliciones de países del Antiguo Régimen, que vieron en ella un peligro revolucionario.

Desde 1804 Napoleón y su ejército recorrieron Europa. La campaña de 1805 destacó por la derrota francesa en Trafalgar, ratificándose la superioridad naval inglesa. Sin embargo las victorias de Ulm y Austerlitz contra Austria demostraron la fuerza del ejército francés en tierra. En 1806, Napoleón reorganizó el mapa de Europa con la creación del Reino de Holanda y la Confederación del Rhin. Desde este momento, Europa se encontró bajo su autoridad. Solo quedaba dominar Inglaterra. Napoleón le impuso un bloqueo económico basado en la prohibición de comerciar con ella.

La política expansionista francesa se hizo más agresiva y, así, en 1808 se apoderó de Toscana y los Países Pontificios e invadió España. Sólo el pueblo español opondría resistencia al Emperador, declarándose el 2 de mayo la guerra de Independencia.

A partir de 1810, se sucedieron agitaciones en los países ocupados y también el la propia Francia, donde nobles y campesinos reprochaban el estado de guerra continua.

El Imperio alcanzaría su culmen en 1811, cuando abarcaba todo el continente europeo excepto los Balcanes.

A partir de 1812, el Imperio entró en declive. La invasión de Rusia se convirtió en un infierno. El frío invierno obligó al general a retirarse. La guerra en España se intensificaba. Una nueva coalición antifrancesa lo derrotó en Leipzig en 1813.

Napoleón abdicó y se exilio a la isla de Elba. Poco después Francia firmó la paz en nombre de su nuevo rey Luis XVIII.

Sin embargo, en la primavera de 1815 Napoleón regresó. Aclamado por el pueblo, recuperó el poder durante 100 días.

Ese mismo año se formó la séptima coalición, que lo derrotó definitivamente en Waterloo. Murió exiliado en la Isla de Santa Elena.


Restauración y congreso de Viena.

Inglaterra, Rusia, Prusia y Austria se propusieron tras la derrota de Napoleón establecer un nuevo orden internacional. Formaron la Cuádruple Alianza rechazando todo lo que recordara a la Francia revolucionaria.

Las potencias vencedoras se reunieron en Viena. Dos fueron los temas discutidos: el trato que se daría a Francia y los sistemas políticos que asumirían las naciones liberadas del dominio francés. Con la paz de París se decide el retorno de los Borbones a Francia en la persona de Luis XVIII y la reducción de las fronteras francesas.

Los emperadores de Austria, Prusia y el zar de Rusia firmaron la Santa Alianza, un pacto político-religioso ideado por el zar ruso que proponía la intervención militar en defensa del absolutismo y asegurar la paz en los países en los que el trono se viese amenazado por la revolución liberal.

El trazado del nuevo mapa europeo tenía un objetivo: impedir el retorno de la hegemonía francesa en el continente. Era necesario la creación de estados tapón viables que rodearan a Francia. En el reparto de fronteras no se atendió a las realidades nacionales por lo que pronto surgirían nuevos conflictos.

Pese a todo, no se pudo contener por mucho tiempo al liberalismo. Durante 1820, 1830 y 1848 se sucederían revoluciones liberales en toda Europa y América.

En 1820 se produjo en España un pronunciamiento liberal contra el rey Fernando VIII. El ejemplo fue continuado en Nápoles, Sicilia, Piamonte, Portugal y Rusia. Todas estas iniciativas acabaron tras la intervención militar de las potencias absolutistas.

Una nueva oleada revolucionaria se produciría en Francia durante 1830 y se extendería por Bélgica con buenos resultados. Sin embargo en los estados de la Confederación Germánica, Polonia y norte de Italia el levantamiento fracasó y fue duramente reprimido.

En 1848 se producirían levantamientos liberales y nacionalistas pero con un importante componente socialista. Se originaron en Francia y se extendieron por Europa. Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del general, se convirtió en presidente de la República Francesa.

FIN.

martes, 18 de octubre de 2011

Tema II. Revoluciones y cambios.

La revolución demográfica.


Durante el siglo XIX tuvo lugar un aumento de la población en algunas zonas del continente europeo. Se pasó de un régimen demográfico antiguo, con altos índices de natalidad y mortalidad, a otro con alta natalidad y baja mortalidad. Las causas de este descenso de la mortalidad fueron debidas la mejora en los niveles de vida, alimentación, higiene y medicina.

El aumento de la productividad en la agricultura permitió un excedente y la disminución de las crisis de subsistencia que traían consigo el hambre y el desabastecimiento de alimentos. La disponibilidad de bienes aumentó, lo que significó mejor alimentación y vestido, más energía para calentarse y viviendas más higiénicas. La esperanza de vida aumentó.

A finales del s. XIX las ciencias biológicas y médicas sentaron las bases de una serie de actuaciones contra las enfermedades infecciosas: consumo de agua y alimentos no contaminados, higiene y destrucción de parásitos, y aislamiento de enfermos. Se crearon servicios médicos y sanitarios, y se establecieron leyes contra la venta de alimentos en mal estado. La erradicación de la peste, el control de la viruela gracias a la vacuna de Jenner y la disminución de la influencia del tifus favorecieron la supervivencia humana. Mejoró la higiene privada, la población se aseaba más y lavaba con más frecuencia las nuevas prendas de algodón.

Este crecimiento de población originó excedentes demográficos que alimentaron flujos migratorios. Los habitantes de los pueblos se dirigieron a las ciudades en busca de trabajo, haciéndolas crecer de forma incontrolada, generando problemas de hacinamiento, medioambientales y de salud.

Otra alternativa fue la emigración a las colonias de América y Oceanía: Estados Unidos, Argentina, Uruguay, Canadá, Brasil y Australia.


La revolución agraria.


Durante el siglo XVIII se produjeron en la agricultura de Gran Bretaña una serie de cambios institucionales y técnicos. A lo largo del siglo XVII se obligó mediante leyes aprobadas por el Parlamento a cercar campos, prados y pastos abiertos, y tierras libres y comunales. Los pequeños propietarios no disponían de capital suficiente para cercar por lo que se vieron obligados a vender sus propiedades. Inglaterra se convirtió en un país de pocos grandes terratenientes y una mayoría de labradores jornaleros que sería empleados por los primeros en explotaciones agrarias con fines comerciales.

Con el fin de mejorar la producción de las grandes explotaciones se fueron introduciendo nuevos métodos y técnicas. El vizconde de Towshend introdujo la rotación de cultivos en cuatro hojas, eliminando el barbecho. Se introdujeron máquinas que realizaban tareas agrícolas como la sembradora, la segadora, la trilladora y otras. Se seleccionaron plantas y animales. Se utilizaron fertilizantes naturales y artificiales, (nitratos, potasio, fosfatos). Estas innovaciones transformaron el panorama agrario.

Como consecuencia de los cambios se incrementó la producción y la productividad. Muchos trabajadores agrícolas se quedaron sin trabajo y tuvieron que emigrar. Los beneficios agrícolas permitieron la acumulación de grandes capitales que facilitarían el desarrollo de otras actividades económicas. La agricultura se supeditó a las necesidades de la economía industrial mundial, producción de alimentos y materias primas para la industria textil. Se fue creando un comercio internacional de productos agrícolas, tendiéndose a la especialización y el monocultivo.


La máquina de vapor.


La máquina de vapor es considerada la invención por excelencia de la revolución industrial. Antes de su aparición la energía procedía de los músculos del ser humano y los animales, y la suministrada por el agua y el viento.

Aunque existían antecedentes fue el escocés James Watt quien dio a la máquina de vapor su forma más eficiente. Aportó mejoras como el mecanismo de transmisión que convertía el movimiento alternativo del pistón de la máquina en el movimiento giratorio que era necesario para la industria textil y para el transporte. Con el tiempo siguió perfeccionándose.

La máquina de vapor se convirtió en algo habitual en la Gran Bretaña. Donde más se empleó fue en la industria minera y textil. Más tarde se aplicaría a los transportes, barcos y carruajes.


La revolución industrial.


Gran Bretaña fue la gran protagonista de la revolución industrial.

La esencia de todas las transformaciones fue el cambio de emplear fuerza humanan y animal a utilizar máquinas para realizar las tareas. Este cambio transformó el proceso de producción. Exigió que los obreros se concentraran en la fábrica, e impuso al proceso de producción un carácter colectivo en el que se incrementó la división del trabajo. El sistema de producción pasó del sistema doméstico al sistema de maquinofactura, del artesano al obrero.

Todos estos cambios favorecieron la capacidad de incrementar tanto la cantidad como la calidad de bienes y servicios. El ejemplo británico sirvió para que otros países siguieran el camino de la industrialización: la técnica británica se podía imitar, los capitales ingleses podían importarse. Durante el s. XIX Europa y América se vieron inundadas de expertos, máquinas de vapor, maquinaria y capital británico.

La consecuencia más profunda de la revolución industrial fue la división entre países avanzados y subdesarrollados. Europa occidental, -menos la península Ibérica-, Alemania, norte de Italia, partes de Europa central, Escandinavia y los Estados Unidos pertenecerían al primer grupo. El resto del mundo pasaría a depender económicamente de estos.


La industria algodonera.


La producción de tejidos era tradicionalmente realizada por los obreros en sus domicilio. Los comerciantes proporcionaban la materia prima y luego vendían el producto elaborado. Esta forma de trabajar se conocía como domestic system.

Este proceso de fabricación cambió cuando la aparición de telares obligó a los comerciantes a concentrar el utillaje en fábricas.

La algodonera fue la primera gran industria británica. El algodón fue imponiéndose a los tejidos de lana pues era más barato y más fácil de transformar. Dos fueron las principales causas que explican la expansión de la industria algodonera:

    • La materia prima era baratísima. Procedía de la India y de los estados sureños de EEUU.

    • Los inventos que revolucionaron la industria algodonera eran sencillos y baratos; compensaban sus gastos de instalación con una altísima producción.

Todo esto no puede explicarse sin las invenciones técnicas aplicadas a la industria algodonera: la lanzadera volante de Kay, las máquinas hiladoras de Hargreaves, de Arkwright y Crompton, y las máquinas tejedoras de Cartwright.

Las consecuencias económicas y sociales del desarrollo textil algodonero fueron cruciales para Gran Bretaña. Así la industria algodonera empleaba directa o indirectamente a un millón y medio de personas a mediados del XIX.

La mayor productividad, gracias a la introducción de maquinaria, favorecieron la bajada de precios de los artículos, disminuyendo beneficios. Esta reducción fue atenuada bajando los salarios. Estas medidas tuvieron graves consecuencias sociales: paro, miseria, descontento...


La industria siderúrgica.


La siguiente fase del desarrollo industrial inglés se centró en la aparición de la producción de hierro y acero. La industria siderúrgica estuvo condicionada, como la algodonera, por diferentes innovaciones tecnológicas en dos direcciones; por un lado mejorar la calidad del hierro y el acero, y, por otro, encontrar un combustible potente que permitiera fundir el mineral a altas temperaturas. Para lo primero fue clave el descubrimiento de laminado y pudelado de Hery Cort que permitió la fabricación masiva de hierro forjado. Para lo segundo, Darby consiguió a través del coque un combustible con gran poder calorífico.

El desgaste que sufrían las piezas de máquinas y rieles de hierro forjado, y lo poco resistente y elástico que resultaba en la construcción, hacían del hierro forjado un material caro y poco fiable. La solución se hallaba en el acero, - una aleación de hierro, carbono, manganeso, fósforo, azufre y silicio-, que era más elástico y resistente que el hierro forjado. El problema no era fabricarlo sino hacerlo en grandes cantidades. Esto fue lo que consiguió en 1855 Henry Bessemer con su convertidor, inyectando chorros de aire durante el proceso de fundición del hierro, consumiendo parte del carbono y obteniendo así el acero que comenzaría a utilizarse en la construcción de barcos, ferrocarriles y edificios.

La inversión de capital para levantar esta industria fue sumamente costosa. El desarrollo de la siderurgia estuvo ligado al auge de la minería del carbón y al nacimiento del ferrocarril.


La revolución de los transportes.


La influencia de los medios de transporte en el desarrollo económico fue esencial. Cualquier incremento en los primeros originaba una expansión del mercado. El movimiento de transformación industrial fue incrementándose gracias a las mejoras en los medios de transporte, tanto en carreteras y construcción de canales como en el nacimiento del ferrocarril y del barco de vapor. La verdadera transformación en el mundo de los transportes llegó con la expansión de estos últimos.

La extracción de carbón estimuló la aparición del ferrocarril. Las minas necesitaban medios de transporte que trasladaran el carbón desde las galerías a la bocamina y al punto de embarque del mineral. Aplicar la máquina de vapor a las vagonetas que transportaban el mineral y que se desplazasen sobre rieles de hierro supuso la aparición del ferrocarril.

Poco a poco se diseñaron gran variedad de locomotoras, y la que acabó imponiéndose fue la de Rocket de Stephenson.

La primera línea férrea fue la que unió Stockton y Darlington, (en España Barcelona-Mataró y Madrid-Aranjuez). Cuando se demostró la utilidad del ferrocarril en Inglaterra se proyectaron líneas en todo Occidente: EEUU, Francia, Alemania y Rusia. Las décadas de mediados del siglo XIX bien pueden denominarse como la “era del ferrocarril”.

El ferrocarril unió países separados por el alto precio de los transportes y aumentó la velocidad y el volumen de las comunicaciones terrestres, tanto para personas como para mercancías. Su expansión fue el motor de las grandes industrias pesadas. El ferrocarril absorbió parte de las rentas acumuladas por la industria algodonera y permitió la exportación rentable de capital al extranjero.

Otro avance fundamental lo protagonizó el barco de vapor. En 1807 el norteamericano Robert Fulton construyó el primero. Los primeros buques combinaron las velas y la máquina de vapor. En el segundo tercio del XIX se produjeron dos invenciones revolucionarias: las hélices y la máquina de vapor marina que evitaba las explosiones por acumulación de sal en la caldera. Otro adelanto fue el uso del casco de hierro que permitió construir grandes barcos. Al ser mayor el tamaño de éstos, y su capacidad, se abarataron los costes. (En España el vapor pionero fue el Real Fernando en el Guadalquivir).